Temaiken

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Desde el ingreso la sensación es placentera. Hay una razón de peso para sentirse a gusto: en esta “tierra de vida” no hay animales en jaulas. Los recintos fueron diseñados para lograr el bienestar de las especies y en ellos pueden desplazarse de manera similar a como lo harían en su entorno natural. En ciertos espacios conviven animales diversos. “De esta manera se intenta reproducir aquello que sucede en la naturaleza”, explica un guía del parque a unos turistas españoles. En este parque, inaugurado en julio de 2001, todo está pensado para lograr una interacción respetuosa entre humanos, flora y fauna. El entorno es agreste y en algunos rincones oímos una tranquila música funcional que no altera el equilibrio del lugar.






Al no existir los barrotes, la aproximación entre los animales y el público adquiere formas novedosas, sin dejar de lado la seguridad. Por ejemplo, se puede penetrar en una réplica de la cueva de los pumas y observar a los felinos a través de un ventanal. Asimismo, ingresamos al hábitat subterráneo patagónico a oscuras y, tras un acrílico, descubrimos al zorrino, al peludo o a la vizcacha mientras cavan caminos en la tierra. Al entrar a la madriguera de las suricatas, nos acercamos a ellas hasta tal punto que podemos sacarnos fotos donde nuestras sonrisas aparecen junto a estos simpáticos carnívoros africanos.





Temaikén guarda tantas sorpresas que resulta indispensable tomarse todo un día para disfrutarlo al máximo

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